Algunas rocas tienen rostros de humanos, algunas están muy tristes, otras con sus caras arrugadas muestran enojo y solo unas pocas están felices. Unas miran para arriba, otras miran al suelo, unas tienen miradas perdidas y otras me miran fijamente a los ojos. Parece que estas últimas quieren observarme al pasar. No sé si puedan. Solo podrán, quizá, las más veloces, esas que puedan cambiar de posición en unos quinientos años. No más. Esas tal vez perciban algo fugaz y efímero en el ambiente, que sería mi pasar, que sería lo que nosotros entendemos como la humanidad. Para las demás, para las que se mueven milenio a milenio, no habrá forma de que nos vean, para ellas no existimos y no existiremos jamás. Este texto es parte del libro Relatos . Para acceder a todos mis libros: santiagocuentero.com Cerro El Plomo, 2011
Blog de relatos y crónicas personales. Textos de viaje, memoria y observación. Aquí hay juntas ficciones con verdades.