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Mostrando entradas de 2022

Pasión

Mi mamá tiene la mejor de las pasiones. Ella no se impone a nada. No impide y no se pelea con casi nada. Mi mamá no se descontrola por nada. Nunca pierde la calma y menos la presencia. Nunca se va, nunca se mueve. Podrá hablar mucho, pero no decreta casi nada. Mi mamá flota de la nada. Esa es la pasión de mi mamá. Es la mejor de las pasiones. Es la más liviana. Son muchas las pasiones, pero esa pasión, la de mi mamá, es la mejor. Mi mamá puede detenerse y estar. Vaya que escasa virtud, esa de parar y quedarse, autentico oro de la actualidad. Tiene la pasión de pasar por el mundo demorándose, para que el mundo pase por su humanidad. Mi mamá está muy viva, porque no le pelea a casi nada. Con esa pasión vive en el mundo y así lo consigue habitar. Y nosotros, ilusos, que pensamos vivirlo solo por querer conquistar. Nunca conquistaremos ningún mundo. No conquistaremos nada. Con suerte a nosotros mismos, a nuestros pequeños munditos en nuestro efímero pasar. Mi mamá, en cambio, no conquista...

Tormenta

I En estas zonas del altiplano se me hace difícil diferenciar a los animales salvajes de los domesticados. Los veo a todos mezclados en el mismo espacio abierto. Además, no los reconozco, ni menos los diferencio a todos. Alpacas, llamas… y hasta ahí llego. Luego hay más especies que no puedo nombrar. Al ir subiendo montaña arriba vi también, lejana, a una mujer solitaria, al parecer vigilando a sus animales. Me costó notar su presencia. Como es costumbre, los animales me miraban perplejos al pasar. La mujer también. Al igual que los animales, detuvo lo que estaba haciendo, se quedó quieta y se puso a seguirme con la mirada. Cuando me miran así, pasmados, entiendo que no soy del lugar, que soy raro. Me siento como algo ajeno, como un fantasma. Tal vez si una vez veo a uno, me comportaría igual, mirándolo inmovilizado, como si el tiempo se hubiera detenido. La sorpresa de los animales y de la mujer debió ser más grande en un lugar como este. Por acá ya no pasa casi nadie, menos un ciclov...

Geología

Algunas rocas tienen rostros de humanos, algunas están muy tristes, otras con sus caras arrugadas muestran enojo y solo unas pocas están felices. Unas miran para arriba, otras miran al suelo, unas tienen miradas perdidas y otras me miran fijamente a los ojos. Parece que estas últimas quieren observarme al pasar. No sé si puedan. Solo podrán, quizá, las más veloces, esas que puedan cambiar de posición en unos quinientos años. No más. Esas tal vez perciban algo fugaz y efímero en el ambiente, que sería mi pasar, que sería lo que nosotros entendemos como la humanidad. Para las demás, para las que se mueven milenio a milenio, no habrá forma de que nos vean, para ellas no existimos y no existiremos jamás. Este texto es parte del libro  Relatos . Para acceder a todos mis libros:  santiagocuentero.com Cerro El Plomo, 2011