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Mostrando entradas de enero, 2025

Camionero

I Además de los vehículos motorizados, la estación de servicio también me sirvió a mí, un ciclista, para llenar combustible. Había víveres. En vez del petróleo, mi combustible fueron dos sándwiches enormes y agua. Contar con eso fue imprescindible. Quería disfrutar bien esos sándwiches. Comer es siempre especial. Me instalé con mi bicicleta en una banca, con vistas a la estación de servicio y al lago, que estaba justo detrás. Me relajé y me puse a comer. Un camión enorme de la YPF estaba cargando combustible. El proceso es lento y muy crítico, de al menos media hora, escuché. Exige la atención de más de una persona en la estación. El conductor de la máquina era un hombre alto, delgado, de unos pocos rulos claros en su cabeza, de ojos grandes que parecía que se le iban a salir de la cara, justo por encima de unas ojeras muy marcadas. Tal vez su poco pelo y sus ojos se veían así por el cansancio de su trabajo. Me lo imagino aguantando trayectos larguísimos y agobiantes. Estaba vestido im...

El gato

Salir sin almorzar y sin cargar comida para el camino es una brutalidad. Tras horas de pedalear con hambre y no ver nada para comprar, unas banderas anuncian un local de venta de comida, justo al final de una cuesta, con un cartel que dice Cervezas, tartas fritas, sándwiches, galletas, bebidas . Es todo lo que necesito. Un carrito, unos banquitos y atrás una casa que debe ser del dueño del lugar. No hay nadie. Todo cerrado. Me quedo con las ganas y me siento en el banquito , sin compras, sin comida, a descansar. Recuerdo que hoy dejé mi comida a mano. Empiezo a buscar. Hay leche en polvo, dátiles y granola . Hay jugo en polvo para tomar agua con algo más. Y justo hoy, que moví mi equipaje para cambiar los pesos de las alforjas, tengo a mano todo lo necesario para hacerme un plato de cereales. Que feliz soy ahora. En este mismo banquito , manos a la obra y a disfrutar. Plato preparado. Escucho el sonido de un gato que se acerca hacia acá. Gato confianzudo y cariñoso. Roza su cuerpo con...

Palabras que riman

Las palabras riman porque resuenan, porque en su etimología se aproximan, porque lo que develan se cruza misteriosamente entre ellas en su ontología escondida, ahí en las letras donde su tono termina, en sus cimas, en sus sonidos más importantes, en lo que se dice hacia arriba. Entre ellas se perfilan, se arriman, se animan, se asilan, se tiran, se atraen, se apilan. Entre ellas forman frases con reminiscencia, con un vínculo a tiempos remotos, cuando comunicarse era música de esencia, era continuidad con lo que se siente, se reacciona y se mira. De esa forma de expresión las palabras son descendientes. Hoy se asoman, se parecen, nos recuerdan un habla diferente, de menos mente, hechas de lo que hoy llaman inconsciente. Ese que nos guía y que viene de esos días, cuando el habla eran melodías. En esas épocas prelingüísticas todo era la cercanía, de los sonidos que entre todos se decían. Era expresar y entender, era la práctica y la mística. Con sonidos parecidos se formaban conjuntos d...