Parecía trabalenguas, pero era verdad. Si de algo estabas seguro era de tu inseguridad. Era verdad que aún lo que querías era solo viajar. Una vez más. Es curioso que el motivo de tu seguridad sea precisamente tu inseguridad. Que las certezas fuertes parezcan tan paradójicas. Pero es lógico. Es la certeza que queda. Era mejor no cruzar ninguna puerta. No era el momento. Lo sabías. Era el momento de dejar las puertas atrás y alejarte de nuevo. Ni sabías de qué te tenías que alejar. Pero te tenías que alejar. De las puertas. De eso estabas seguro. Con suerte podías comprar un pasaje. Suerte es poco decir. Porfía, lucha, esfuerzo fue lo que necesitaste. Te propusiste no salir de esa habitación en la casa de tus papás, no salir nunca más, nunca más en la vida, si no comprabas ese pasaje. Llevabas horas, y antes días, divagando, haciendo empatar una opción con la otra. Haciendo bailar pros y contras sin parar. No llegabas a nada, porque nada querías soltar. Y si voy a Patagonia. A Patagonia...
Blog de relatos y crónicas personales. Textos de viaje, memoria y observación. Aquí hay juntas ficciones con verdades.