Y Francisco tiene que ir a negociar con proveedores a otros países, y va mucho a Italia, a Reggio Emilia, donde además de quesos, hacen para Rimowa el cuero que necesitan para los bolsos, y Francisco va como técnico, acompañando a un alemán, que va como contraparte comercial, y Francisco revisa y verifica que toda la producción industrial sea de calidad e informa al comercial, y el comercial, con ese insumo, negocia y cierra los precios.
Y en el almuerzo final de la visita a Reggio Emilia, el comercial solo quería definir el precio para cerrar el trato, porque eso era lo último para concluir con éxito toda esta visita de trabajo y porque era lo último que faltaba para ir al aeropuerto y volver a Alemania.
Y los italianos, los anfitriones, se tomaban todo el tiempo del mundo, y le hablaban a Francisco y al comercial sobre la comida de ese almuerzo, y se daban vueltas y vueltas largas en cada miembro de la familia, antiguos fundadores de su fábrica de cueros, y que el queso acá y que el queso allá, y que el papá acá y que la mamá allá, y que el nono acá y que la nona allá.
Y el comercial, ya nervioso por ver como pasan los minutos y no se trabaja, no se conversa nada del precio, insiste en que comiencen a negociar, que se le va a ir el vuelo de vuelta a casa, y los italianos le responden que se calme, que para ellos hablar de sus comidas y de sus familiares también es trabajar, es parte fundamental del proceso de negociar, porque la comida y la familia es central.
Y el alemán se quería matar, y los italianos hablaron todo el almuerzo de su comida y de sus familiares y solo al final, muy al final, demasiado al final, demasiado encima del vuelo de regreso a casa, cerraron un precio, se dieron la mano, y al fin Francisco y su compañero comercial pudieron ir al aeropuerto para volver a Alemania, corriendo por las carreteras de Italia, porque nunca pensaron que un almuerzo pensado como reunión de trabajo para cerrar un precio sería así de largo, así de distendido, así de dominical.
Y estas diferencias, estos abismos entre europeos me encantan, y para lo diferentes que son, que cerca están los alemanes con los italianos, y quiero creer que los italianos hicieron todo eso con conciencia y con displicencia para reírse de esta obsesión de los alemanes por la eficiencia.
