¿Dónde será que vive? ¿Dónde está realmente? ¿Será una calle del centro, o en partes más inertes?
¿Dónde es que se percibe? ¿Por qué se siente hasta su olor? ¿Será que habita en mi cuerpo, o acaso solo en mi mente?
¿Dónde será que duerme? ¿Dónde se va al final del día a descansar? ¿Será que duerme conmigo, o en otro lugar?
¿Cuándo y dónde se desplaza? ¿Cuándo habrá de pasar? ¿Será que en el Parque Almagro nos iremos a cruzar?
¿Dónde será que vive? ¿Dónde está realmente? ¿Será verdad que en Santa Rosa, a pocos pasos solamente?
Y si yo estoy en mi casa y ella está en la suya, ¿por qué sigue tan presente? ¿No es acaso confuso, o al menos algo diferente?
Si vive en otro lado, ¿por qué ya nunca está ausente? ¿Será que se habrá mudado de forma inconsciente?
Y si no ha ido a ningún lado, ¿a quién veo entonces, constantemente? ¿Seré yo el invasor entonces, el que se apareció de repente?
¿Y cómo pasan estas cosas, sin siquiera haberlas pensado? ¿Así nomás, me mudé, repentinamente?
¿Y por qué me gustó tanto lo que me ha tocado? ¿Así son, tan buenos, los regalos de la suerte?
Este texto es parte del libro Relatos.
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