Ella Le gusta tomarla en brazos cuando ella llora. Le gusta saber que cuando él se pone a hablar de cualquier cosa y ella está cerca, ella entonces se calma. Le gusta saber que ella llora por hambre, por calor, por sueño. Le gusta saber que llora por razones simples. Envidia esa simpleza, esa transparencia. Le gusta saber que a veces ella llora porque se siente sola, y que deja de llorar —que deja de sentirse sola— cuando él la toma en sus brazos. Le gusta confirmar que, en sus brazos, escuchando su voz, ella puede relajarse. Le gusta saber que, para ella, él es alguien importante. Le gusta poder ver entera esa vida en miniatura, tan pequeña que cabe en su mirada, tan clara que puede contemplar su ciclo completo. Sus etapas son pocas, y son simples. Ella llora, come, mama, caga, duerme, despierta, juega y observa —pasmada, impresionada, a veces como hipnotizada— con los ojos bien abiertos, bien curiosos, casi todo, porque casi todo es nuevo, y todo debe parecerle grandioso. Llorar, co...