Gigante, resolutivo, protector.
Hombre para el exterior.
Inocente, pasional, amador.
Niño de interior.
Cabello canoso de sesentas,
son tus años y tu recorrido.
Ojos abiertos de seis,
es tu alma y tu asilo.
Aura rojo y amarillo, generosidad y entrega,
es el niño trascendido.
Pauta al hablar, liderazgo y prescripción,
es el varón que le da el abrigo.
Fuerza y amor,
niño y hombre se abrazan,
ambos en uno encuentran compasión.
Expediciones, campamentos, comunidades,
lindes de agua, lluvia y canción.
Niño y hombre nos abrazan,
nos dan, nos inventan mundos para nosotros,
y lo regalan.
Es su sagrada donación.
Tanta organización, tanto rigor,
tanta lucha y tanto labor.
Al esfuerzo, al trabajo, al proyecto,
al orgullo de haber sido tu propio constructor.
Tanta alegría, tanta entrega,
tanto goce y tanta devoción.
Al juego, a las aves, a las personas,
a lo nuevo y a la comunión.
A lo bien hecho, a lo correcto, a lo fuerte,
dedicas mucha acción.
Nunca en vano,
nunca para ganar de forma transaccional.
Siempre para que ese niño
inocente, presente,
pueda jugar.
Niño que queda huérfano,
niño frágil,
niño llorando,
niño bondadoso
y siempre juguetón:
Nunca has estado solo,
tu caparazón de adulto te abraza hasta hoy.
Tu abrazo nos llega a nosotros,
el mundo todo,
con firmeza de hombre y con ternura
de niño amador.
Nos regalas el trabajo confiable de tu caparazón.
Nos recibes con la alegría de tu niño interior.
Es tu fórmula magistral.
Es tu ser fundido,
movilizador.
Tu casa grande tiene cimientos profundos,
incombustibles,
por eso nunca se quemó.
Nunca la perdiste.
Siempre es cosa de tiempo,
poco tiempo,
para volver a verla levantada,
en forma de cemento, de madera, de carpa,
de kayak o de fogón.
Son fuertes tus legados,
son claros tus ejemplos,
yo desde siempre te sigo los pasos
y en eso encuentro naturaleza, aire, montaña, mundo, vida,
inspiración.
Nosotros gozamos tus mundos construidos,
en tus cuartos de niño con trenes en miniatura,
en tus otros juguetes más actuales,
de montañismo, de kayak y de navegación.
En tus viajes de viento, de verde, de rocas,
de agua y de alturas.
A nosotros nos invitas a jugar con tus juguetes,
con el niño de tu interior,
nos recuerdas que todos somos cabros chicos,
que tanto trabajo, tanto esfuerzo es para eso,
para jugar sin tanto control,
si al final ese es el paraíso,
es reír en el jugar con inocencia y con amor.
Soy mezquino en llamar y visitar.
Soy torpe expresando cariño.
No suelo tocar y abrazar.
Déjame expresarte mi amor por acá,
con esta carta de corazón.
Este texto es parte del libro Relatos.
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