No quiero ser recomendador de libros. Sería algo infinito que me tomaría mi obsesión y todo mi tiempo. Los libros son como el agua del océano. Leerlos es como nadar en ese océano. Es algo en lo que se puede estar, pero nunca (ni de cerca) abarcar. Es de esas cosas infinitas que solo hay que admirar y disfrutar sin pretensión de control. Es algo interminable e inagotable. Además, como si fuera poco, cada lectura (qué libro, qué ritmo, qué momento para qué libro) es algo muy personal. Peeeero... quiero hacer una excepción: Adquirí la costumbre de subrayar los pasajes que me gustan de mis lecturas, principalmente cuando tienen una prosa que me asombra y que disfruto. Hubiera subrayado el libro Orbital, de Samantha Harvey (Editorial ANAGRAMA) de principio a fin, desde su primera a su última página. Me impresiona la investigación de Harvey sobre la vida de los astronautas. Y sobre todo cómo llevó eso a una novela hermosa, que es contemplativa, que atrapa por lo especial de poder acompañar u...
Blog de relatos y crónicas personales. Textos de viaje, memoria y observación. Aquí hay juntas ficciones con verdades.