Me ahogo,
sálvenme
véanme,
créanme,
mírenme.
Es cierto,
me ahogo,
me ahogo
ahora mismo.
No estoy
respirando.
Me caigo,
me hundo,
me pesa,
mi cuerpo.
Mi cuerpo
que pesa.
Me pesan
las piernas.
Me pesa
la ropa
mojada.
Me pesa
mi masa.
Mi pecho
se achica.
Me duele
yo no
tener nunca
ninguna
mirada.
Justo
yo ahora
que ya
yo me ahogo.
Lo juro,
me ahogo,
mi cuerpo
no nada
y no
pasa nada.
Mis brazos
cansados
no nadan.
Mi cuerpo
está tieso,
muy tieso,
no puede
nadar
y mi cuerpo
no flota,
no flota
y me ahogo,
lo siento,
lo sufro,
me ahogo.
Por qué
no me miran
y no
pasa nada,
si acá hay
un ahogado.
Yo soy
un ahogado
sin ni una
mirada.
Me ahogo,
en serio,
me ahogo
y lo pienso
y lo siento
y me aterra
y al fondo,
hacia abajo,
en el agua,
está oscuro.
Está
todo negro
y yo no
veo nada
y acá
es tan raro,
solo agua
mojada
y des-
parramada.
Y donde
están todos,
por qué
ya no vienen,
si acá hay
un ahogado
que no
sabe nada
y nada
de nada,
no puede
nadar
y siente
y piensa,
que ya
se va ahogar.
Que pena
este ahogado
que nadie
lo mira.
Que envidia
le dan
los ahogados
que mueren
con más
compañía,
con más
dignidad.
Que mal
que no pueda
parar,
que no pueda
parar
a poder
respirar.
No puede,
no sabe,
no puede
pararse
a si mismo,
no puede
decirse
a sí mismo,
que calle,
que se
deje espacio
para
respirar.
Su ahogar
ya se ahoga,
su ahogar
ya se va.
Se hunde
y no sabe,
no alcanza,
no puede,
no alcanza
a saber,
si el agua,
si el mar,
si las olas,
si ellas
son miedos
reales,
ficciones
o si
son verdad.
