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Orbital

No quiero ser recomendador de libros. Sería algo infinito que me tomaría mi obsesión y todo mi tiempo. Los libros son como el agua del océano. Leerlos es como nadar en ese océano. Es algo en lo que se puede estar, pero nunca (ni de cerca) abarcar. Es de esas cosas infinitas que solo hay que admirar y disfrutar sin pretensión de control. Es algo interminable e inagotable. Además, como si fuera poco, cada lectura (qué libro, qué ritmo, qué momento para qué libro) es algo muy personal. Peeeero... quiero hacer una excepción: Adquirí la costumbre de subrayar los pasajes que me gustan de mis lecturas, principalmente cuando tienen una prosa que me asombra y que disfruto. Hubiera subrayado el libro Orbital, de Samantha Harvey (Editorial ANAGRAMA) de principio a fin, desde su primera a su última página. Me impresiona la investigación de Harvey sobre la vida de los astronautas. Y sobre todo cómo llevó eso a una novela hermosa, que es contemplativa, que atrapa por lo especial de poder acompañar u...
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Me ahogo

Me ahogo, sálvenme véanme, créanme, mírenme. Es cierto, me ahogo, me ahogo ahora mismo. No estoy  respirando. Me caigo, me hundo, me pesa, mi cuerpo. Mi cuerpo que pesa. Me pesan las piernas. Me pesa la ropa mojada. Me pesa mi masa. Mi pecho se achica. Me duele yo no tener nunca ninguna mirada. Justo yo ahora que ya yo me ahogo. Lo juro, me ahogo, mi cuerpo no nada y no pasa nada. Mis brazos cansados no nadan. Mi cuerpo está tieso, muy tieso, no puede nadar y mi cuerpo no flota, no flota y me ahogo, lo siento, lo sufro, me ahogo. Por qué no me miran y no pasa nada, si acá hay un ahogado. Yo soy un ahogado sin ni una mirada. Me ahogo, en serio, me ahogo y lo pienso y lo siento y me aterra y al fondo, hacia abajo, en el agua, está oscuro. Está todo negro y yo no veo nada y acá es tan raro, solo agua mojada y des- parramada. Y donde están todos, por qué ya no vienen, si acá hay un ahogado que no sabe nada y nada de nada, no puede nadar y siente y piensa, que ya se va ahogar. Que pena ...

Trabalenguas

Parecía trabalenguas, pero era verdad. Si de algo estabas seguro era de tu inseguridad. Era verdad que aún lo que querías era solo viajar. Una vez más. Es curioso que el motivo de tu seguridad sea precisamente tu inseguridad. Que las certezas fuertes parezcan tan paradójicas. Pero es lógico. Es la certeza que queda. Era mejor no cruzar ninguna puerta. No era el momento. Lo sabías. Era el momento de dejar las puertas atrás y alejarte de nuevo. Ni sabías de qué te tenías que alejar. Pero te tenías que alejar. De las puertas. De eso estabas seguro. Con suerte podías comprar un pasaje. Suerte es poco decir. Porfía, lucha, esfuerzo fue lo que necesitaste. Te propusiste no salir de esa habitación en la casa de tus papás, no salir nunca más, nunca más en la vida, si no comprabas ese pasaje. Llevabas horas, y antes días, divagando, haciendo empatar una opción con la otra. Haciendo bailar pros y contras sin parar. No llegabas a nada, porque nada querías soltar. Y si voy a Patagonia. A Patagonia...

Elementos

I Suelo ser susurro y silencio. Suelo ser menos susurro y más silencio. Suelo ser siempre silbido suave. Suelo ser sigiloso. Suelo siempre ser solo ausencia. Suelo ser seco. Suelo ser sombra. Suelo ser solo sentimiento. Suelo ser solamente susurro sereno. Suelo ser sonido suave. Suelo ser, sin siempre ser. Suelo ser sombra somnolienta. Suelo ser segundo. Suelo ser secundario. Suelo ser sereno. Suelo ser sin ser. Soy sin ser sabido a simple sentir. Sin embargo, si soy sureño soy soplo severo suelto y sin sosiego. Soy siendo. Soy súbito. Si soy sureño soy soplo y sonido. Si soy sur, suelo saturar solo soplando. Si soy sur, soplo siempre sobre sendas sierras y sendos suelos. Si soy sur, suelo soplar sin silencio. Sé seguir siempre sendas sin cercos. Soy salvaje, soy sentido, soy súbito, soy sismo, soy sol y sombra mas sin suelo y sin señal. Si sumercé siente soplidos sabrá saborearlos sobre su silla, sobre su sillín. Si sumercé sabe sobre mis susurros y sobre mis soplos severos, sabrá s...

Foto de portada

I Saqué esa foto en Veracruz, México. Es de febrero del 2013. Siempre me gustó sacar fotos a parejas. Supongo que es como hacer fotos de aves. Cuando las personas están en pareja se parecen a las aves. Se dejan llevar por sus instintos. Me gusta capturar esas inocencias. A veces duran segundos, o un segundo, o menos. Hay que actuar rápido. Son momentos rápidos e intensos. Son abrazos. Son ojos perdidos en los ojos del otro. Supongo que el fotógrafo de aves, sabiendo donde podrían estar sus presas, se esconde con su cámara y con sus lentes. Se queda quieto, se arma de paciencia, de silencio, se queda cerca de donde normalmente pasarían esas aves que espera fotografiar. Se hace invisible para ellas. Intenta pasar desapercibido, para no espantar, para no perturbar, para no arruinar el momento de esos animales, para que posen involuntaria e inocentemente para él. Las aves pueden pasar o no pasar. Nunca se sabe. El fotógrafo puede pasar horas o días esperando, camuflado en el bosque, sin co...

Un héroe

No sé si alguien ha escrito lo que pasa después del viaje del héroe. No sé si a alguien le interesa. El viaje del héroe es fácil. Su vida posterior es arena de otro costal. Ese héroe fracasa. Supongo, creo, digo: que lo más probable es que pueda caer y fracasar. Cae en una depresión. Se emborracha de aburrimiento. Se emborracha de un modo aburrido, controlado, sin alcohol, sin alcoholismo, sin riesgos. Se llena de nostalgia por esos días de viaje y lejanía. No sabe cómo salir, porque esta vez no sabe bien, no termina nunca de entender contra qué luchar, porque se le hace difícil luchar contra lo que se supone que está bien, contra su paz, contra su estabilidad, contra su bondad. Se le hace difícil pensar que debe luchar contra aquello que antes era el motivo para seguir y avanzar. La vida del héroe se termina cuando regresa. Entonces muere. Y nadie se entera y entonces nadie va a su funeral. Nadie va a querer escribir de eso que pasa después, de esa persona buena, tranquila, risueña, a...

Guaracha

I Son sus hormonas. Casi puedo verlas volando, pululando. Ya ni caben en sus cuerpos recién crecidos, recién desarrollados. Es mucha energía. Es mucho entusiasmo. Es conducta de grupo. Es energía que se potencia en grupo. Tienen disfraces. Todos tienen disfraces. Se disfrazan y mucho. Se visten como si fuera carnaval. Son muy performáticos , muy extravagantes, muy orgullosos de su forma producida y teatral de celebrar. Sus disfraces me dan risa. Me gusta la producción, el esmero, el juego teatral. Los aplaudo. Los celebro. A mí no se me hubiera ocurrido disfrazarme, menos con ese nivel de producción. A mí con suerte se me hubiera ocurrido ir a bailar a esa edad. La verdad, yo a esa edad ni siquiera salía a bailar. Menos entonces pensar en ir así de disfrazado. Pero yo no soy una buena referencia de comparación. Yo a esa edad era tan inocente que hasta me asustaba, me intimidaba, me ponía nervioso ir a bailar. Tenía demasiado miedo a las mujeres como para ir a bailar. Yo evitaba, con cu...

Y recuerda y recuerdan a su hogar

Ella Le gusta tomarla en brazos cuando ella llora. Le gusta saber que cuando él se pone a hablar de cualquier cosa y ella está cerca, ella entonces se calma. Le gusta saber que ella llora por hambre, por calor, por sueño. Le gusta saber que llora por razones simples. Envidia esa simpleza, esa transparencia. Le gusta saber que a veces ella llora porque se siente sola, y que deja de llorar —que deja de sentirse sola— cuando él la toma en sus brazos. Le gusta confirmar que, en sus brazos, escuchando su voz, ella puede relajarse. Le gusta saber que, para ella, él es alguien importante. Le gusta poder ver entera esa vida en miniatura, tan pequeña que cabe en su mirada, tan clara que puede contemplar su ciclo completo. Sus etapas son pocas, y son simples. Ella llora, come, mama, caga, duerme, despierta, juega y observa —pasmada, impresionada, a veces como hipnotizada— con los ojos bien abiertos, bien curiosos, casi todo, porque casi todo es nuevo, y todo debe parecerle grandioso. Llorar, co...

Francisco

Y Francisco, que en Chile ni siquiera escribía bien en español, ahora hablaba alemán sin problema, y la Victoria también hablaba alemán como si nada, como si fuera fácil. Y en ese hablar de Francisco, incomprensible para mí, estaba el resultado del esfuerzo y la valentía y la perseverancia y el compromiso y la claridad para decidir aprender alemán, y para eso antes aprender inglés, y antes migrar, y con hijas recién nacidas, y con la Victoria, aprendiendo y criando, y trabajar en una tienda de bicicletas y después pasar a testear bicicletas importadas en Alemania y después pasar a ser diseñador especialista en cueros en Rimowa , en una buena posición, viajando como técnico experto por Europa y por China. Y entonces cuando Francisco hablaba alemán con los demás yo no entendía nada y también, aunque suene contradictorio, entendía todo, y yo no entendía lo que él decía, no entendía qué palabras significaban sus sonidos, y a la vez lo entendía todo, y es que eso que hablaba era una consecu...

Tambo Quemado

En la aduana chilena, una vez que el trámite de rigor terminó, pregunté al oficial de la PDI que me autorizó a salir del país qué me recomienda en mi viaje. Su respuesta fue Te recomiendo no ir . Lo decía, él aseguraba, Por tu propia seguridad. Por ser chileno. En esa época, en esa zona, la hostilidad hacia los chilenos iba en aumento. Yo, además, iba hacia Tambo Quemado: por esos días, el paso fronterizo más extremo, más antichileno , según los mismos chilenos. Gracias por el consejo , le dije, porque no supe qué decir. Y seguí mi camino hacia Tambo Quemado. Este cruce fronterizo está a unos 4.600 metros sobre el nivel del mar. En la parte más alta, en esa tierra de nadie que está entre la aduana chilena y la boliviana, el cambio trasero, que se encarga de cambiar las velocidades de la cadena en el piñón, se dobló en más o menos 45 grados, como se doblaría un objeto de plasticina , como si no fuera de acero y aluminio. No aguantó más fuerza, porque lo mío era subir y subir desde Aric...