Ahora que trabajas sólo y que te enfrentas por primera vez en tu vida a la jornada laboral desde la nada. Ahora que desde la nada podrías hacerlo todo. Ahora que nadie te controla. Ahora que no tienes un jefe ni un horario y que te tienes a ti mismo y todas tus posibilidades, y todas tus contradicciones, y todas tus aspiraciones e inseguridades y ansiedades. Ahora es necesario un decálogo para seguir, para mirarlo y decir que Sí, así sí, tal vez así sí, voy a poder seguir.
Procura despertar al menos antes de las 7:30 en los días de semana. Deja que el sol te gane solo en los días para descansar.
Procura comer caliente al menos una vez al día.
Procura variar entre la proteína, el carbohidrato, la fruta y el vegetal.
Cuando te sientes en un escritorio, deja al lado un jarro y un vaso con agua. No te obligues a tomar. Seguro lo harás porque está cerca.
Duerme más de 7 horas, aunque te cueste, y no duermas más de 10.
Toma tu café matutino sin leer mensajes y sin ver el mail. Ni abras tu Mac ni veas tu celular. El primer café es para que tú y tu cuerpo puedan conectarse y no para empezar de inmediato a trabajar.
Toma todo el café que quieras. Dicen que tomar mucho café hace mal, pero a ti te encanta el café y tu no fumas tabaco ni tomas alcohol. Un vicio como el café no está mal. Toma café a destajo y disfruta ese placer a tus anchas sin tanta culpa.
Intenta no comer en la tarde noche. Si ya vas a dormir, que sea líquido. Que sea leche sin lactosa, y nada más.
Tan poco sabes de alimentación doméstica que ni siquiera sabes que escribir acá, pero algo tienes que hacer con esto, porque comes bien, pero gastas más de lo normal. Explora ir a la feria, cocinar para la semana y empezar a ahorrar. Ahí tienes algo que aprender.
Deja de frecuentar restaurantes para almorzar.
Mantén ordenado y limpio el lugar donde vives. Y manténlo simple, minimalista. Que quede espacio vacío, fácil de limpiar y ordenar y liviano de habitar.
Ten pocas cosas. Busca tener lo esencial y nada más. Si no usas algo, regálalo. Ser liviano en tener es una ayuda para ser liviano en estar.
Haz todos los días, durante toda tu vida, cincuenta segundos de planchas y quince flexiones. Si un día no lo haces, que se acumule para el día siguiente. Si estás al día, que no puedas adelantar. Que se incentive la regularidad y el largo plazo por sobre la intensidad. Lleva el registro en un espacio especial y accesible de tu celular.
Haz deporte todas las semanas. Que sean al menos dos veces que salgas a trotar. Que sea al menos una vez que juegues un juego que te haga olvidarte de todo lo demás.
Si vas a trotar, no lleves celular. Y entonces no lleves música. Aprovecha ese espacio para escaparte de tu celular. Prioriza el ritmo de tu cuerpo. Prefiere tu respiración como fondo para escuchar. Si un día no encuentras tu ritmo, no importa, tal vez a la siguiente salida lo vas a encontrar.
Cuando salgas a trotar, prioriza hacerlo lento y despacio. Que el trote sea más una meditación que una carrera. Que se prolongue lo más que se pueda. Que sirva para soltar.
Trotar es para meditar, jugar pádel es para distraerse. Ambos son para el cuerpo y el cuerpo es para ayudarle a tu mente a no pensar, a sentir felicidad.
Juega pádel, mucho pádel. Te hace bien. Te entretiene. Se te da fácil. Úsalo para ver a tus amigos. Juega con desconocidos también, para competir.
Aprende a competir: juega cada punto como si fuera el último, intenta ganar, pero nunca traspases la competitividad a los demás. Honra a los que tienes al frente, especialmente a tus amigos. Tu estás ahí para compartir, para reconocer al otro, para disfrutar un momento entretenido con el otro, y no para ganar.
Si vas a moverte, que sea en bicicleta o caminando. Ojalá que uses lo menos posible un motor para tu movilidad.
Camina, camina mucho y sin rumbo. En las tardes, en los fines de semana. A la casa de gente o a ningún lugar. Piensa, divaga, mira. Disfrútate a ti mismo en esa caminata. Aprovecha la ciudad.
Cuando andes en metro o en micro no andes siempre con música en el auricular. La calle está siempre hablando. Ve con los oídos libres para escuchar lo que la calle te quiere contar.
No gastes más de lo que tienes, o de lo que en poco plazo puedas pagar. Usa tu tarjeta de crédito para comprar. Usa el cashback como inversión de largo plazo, vas a ver que si eso se mantiene en el tiempo, es algo que cada vez va a aumentar más.
Deja tus ahorros invertidos. Si no es lo que usarás en el corto plazo, déjalos en fondos de alto riesgo. Déjalos por muchos años en un solo lugar. No los toques. Ni los mires. Que la magia del interés compuesto juegue su rol en hacerlo crecer más y más.
Hazte amigo de la plata. De tenerla, de guardarla, de ahorrarla y de invertirla, y no de gastarla. Que te guste la plata para ahorrar y no para gastar. Tu no necesitas gastar plata. No necesitas un auto, ni un viaje, ni una casa grande, ni nada que te haga gastar.
Con o sin trabajo, invierte todos los meses en tu jubilación. Ponte en el lugar de esa persona vieja que no eres tú ahora, pero que probablemente, si nada pasa antes, serás.
Recuerda que antes de los ahorros, el mejor APV son los amigos, las relaciones duraderas, el deporte, la salud y la búsqueda de tu felicidad actual.
Trabaja por objetivos y con horarios. Un bloque horario, una actividad. Cada actividad en un bloque. Ordenado y focalizado hacer mejor y más.
Y en cuanto a la semana, dedícate más a trabajar en tu actividad principal, en tu actividad profesional.
Dedícate a trámites y tareas administrativas al final de la jornada laboral. Nunca al principio. El principio, en las mañanas, es para lo principal, es para pensar, para desarrollar, para generar valor. Las rendiciones de cuentas, el orden de tus archivos, la emisión de boletas, las facturaciones y todo lo que sea administrativo, que quede siempre para el final. Si hacer tareas administrativas temprano, antes de avanzar en lo esencial, eso no es trabajar, es evadir lo que el día te está pidiendo en lo esencial, es procrastinar.
De lunes a viernes, en horario laboral, llámate a ti mismo a sentir cierta emoción de lucha, de tensión, de ganas de actuar, de esforzarte. Gánate el sueño de las noches con intensidad en el día.
De lunes a viernes, y también el fin de semana, suelta cuando ya sea hora de dormir. Suelta, olvídate y deja de funcionar. Suelta incluso si no lograste que tu día haya sido un día de luchar.
Si quieres desarrollarte en una actividad, dedícate. Dedicarse también es enfrentarse al vacío de no saber qué hacer ni saber por dónde empezar. Enfréntate a ese vacío. Sopórtalo. Míralo a la cara. Si te llenas de actividades complementarias para evadir, nunca vas a despegar.
Y si no tienes nada que hacer, siéntate al frente de tu Mac, o de una hoja en blanco, o de la nada, y ponte a estudiar o pensar en aquello a lo que te quieres dedicar. Eso también es trabajar.
Acostumbra a tu cerebro a la incomodidad. Si aparece la incomodidad en situaciones concretas o en el trabajo intelectual, sostenlo. Es un regalo. Es un ejercicio. Le va a dar a tu cerebro, a tu perspectiva, a tu personalidad, más amplitud, más plasticidad.
No pongas programas de conversación o podcast si lo que vas a hacer es ponerte a trabajar. No eres tan multitarea. No le hagas eso a tu cerebro. Trabajar sin un programa de conversación de fondo, con silencio, concentrado en lo que se hace, es honrar lo que estás haciendo. Focalízate. Si quieres, pon ruido blanco o marrón, o música instrumental, pero no pongas programas de conversación que te hacen distraerte a cada rato y trabajar mal.
No tienes que registrar todo lo que haces y todos los pendientes por hacer. Si algo es importante, te vas a acordar. Si no lo es, no va a ser importante que lo vayas a olvidar. A veces registras tantas cosas para evadir una realidad qu tu sabes y que no quieres aceptar: que lo que estás haciendo, en el fondo, no es tan fundamental, y por algún motivo, no lo quieres soltar.
Tal vez el motivo es que no quieres, que te cuesta mirar de frente al vacío. Recuerda que ese vacío, con su vértigo y su silencio, para cualquier actividad que quiera desarrollarse, es la verdadera fuente.
Y si tienes proyectos de largo plazo, y si te cuesta parar, y si ya tienes que parar pero tu cerebro no te deja, anótalos, paso a paso, y escribe hasta dónde llegaste. Así después podrás retomar, pero sobre todo, con esto podrás dejarlo y soltar.
Y en cuanto a las actividades complementarias, puedes dedicarte a escribir, claro que sí. Esa actividad sí se puede quedar. Es algo que vas a hacer siempre. Esa actividad puede sobrevivir y quedarse como un cimiento.
Debes saber, eso sí, que la escritura es para ti, que es mucho más para ti que para los demás. No te llenes de fantasías sobre ser leído por muchas personas o vender libros. Si sigues escribiendo, es porque es una actividad que te gusta mantener, por el valor en sí mismo del proceso, y por nada más.
Y sobre actividades que sí se pueden quedar: lee todos los días. Eso también. Eso sí, junto con la escritura, se puede quedar. La lectura es algo que puedes hacer a tus anchas, pero no como un trabajo, sí como un placer. No le pongas a esta actividad ningún tipo de meta ni responsabilidad. Lee lo que sea. Lee de todo. Lee por placer. Que sea, al menos, una página al día. Tu sabes que si haces eso va a terminar siendo más.
Sé austero en tus gastos, pero si se trata de lectura, gasta nomás. En lectura no vas a ahorrar.
No vayas al baño con tu celular. Ve con un libro. Allí podrás cumplir la meta de una página al día.
Y si estás escribiendo o creando y no puedes parar, recuerda que todo esto tiene valor por el proceso, pero que el resultado no importa tanto más. Recuérdalo para que también puedas parar. Acuérdate que nadie te pide que hagas estas cosas. Si no puedes parar, entonces tal vez no es el gusto, sino la manía, la que manda, entonces para a la fuerza. Para agresivamente. Cuídate. No dejes a la manía avanzar. Aprende a distinguir entre creatividad y locura. Acuérdate adónde te ha llevado la manía. Acuérdate del sufrimiento. Del bucle mental. Acuérdate, por favor. Allá no quieres llegar.
Escucha a tu psicóloga cuando insiste en que tu necesitas crear, que eres creativo y que necesitas cuidar ese espacio, que no lo dejes escapar. Una cosa es controlar la manía y otra, que no puede pasar, es dejar de ser el que eres de forma natural.
Es que no se trata de una cosa ni la otra. Si no, sería muy fácil: te drogas y punto. Se tata del equilibrio. Se trata de buscar y asumir que la búsqueda del equilibrio implica avanzar así, desequilibrado y equilibrado, que eso implica riesgos y que los riesgos son tu vitalidad.
Si difundes tus libros, que sea por el canal oficial que hayas elegido, pero no pidas ni insistas a tus amigos y familiares que los compren, ni tampoco que los lean. Ellos pueden enterarse e interesarse por lo que haces. Hasta ahí está bien, pero tú no los presiones. Ellos tienen todo el derecho a quererte a ti y no a tus obras.
Una vez al día escribe algo. Algo que sea literario. Una vez al día conversa así profundamente contigo. Que sea una frase al menos. Por gusto. Y como es por gusto si no lo haces no pasa nada. Y como te gusta, seguro va a ser más de una frase y más de una plana.
Si una vez pensaste que ibas a hacer una tienda virtual de arte mural y que ibas a tener ingresos pasivos con eso, si incluso hiciste la tienda y aprendiste, si tanto fantaseaste y tanto avanzaste, abandónalo todo. Todo. Cierra tus cuentas, cierra tu web, pierde todo lo que ya hiciste. Tíralo todo a la basura sin mirar para atrás. Que quede simplemente como costo hundido. No sigas. Basta con esto.
No sigas ese camino que te deja solo frente a la pantalla y te separa de otras actividades en donde están los demás.
No sigas avanzando en cosas que te dispersan de tu actividad principal. Si ya tienes la escritura como algo adicional, si ya tienes el deporte, si ya tienes la vida al aire libre, si ya tienes a tus amigos, si ya tienes tantas cosas, para qué quieres más.
Si sigues ese camino, si crees que puedes hacerlo todo, que como tienes tiempo y capacidad tienes una ventaja con respecto a los demás, te vas a perder en la dispersión de hacer y hacer y no vas a llegar a ninguna parte. Peor aún, vas a llenar tu tiempo vacío, tu tiempo de ocio, con este tipo de actividad, con este tipo de ensimismamiento. Corta de raíz todo lo que tenga que ver con esta línea de trabajo. Corta esta manía. Tu no vendes arte mural. Abandónalo.
La vida se trata de eso en gran medida, de cortar, de abandonar, de soltar algo para tomar con más fuerza lo demás. Y si vuelve ese deseo de seguir, porque tu bien sabes que a veces te traicionas a ti mismo, acuérdate de Odiseo. Pide a tus amigos que te amarren en un mástil y que no te dejen partir. Y para eso, para hacer eso, además de una soga necesitas a tus amigos. Ve donde tus amigos para encontrar esa fuerza, esa razón, ese motivo para no seguir por acá.
Puedes potenciar todo lo que puedas las redes sociales que tengan que ver con tu perfil profesional. Usa Linkedin y explótalo todo lo que se pueda. Si vas a usar redes sociales, que no sea nunca para tu vida privada, que sea solo para tu actividad profesional.
Participa en la mínima cantidad posible de grupos de WhatsApp. Que sean de coordinación y nada más. No sientas que tienes que comunicar por ahí. No caigas en discusiones bizantinas. Que toda conversación importante sea presencial. WhatsApp es coercitivo. No puede no usarse. Tienes que usarlo. No tienes vuelta. Úsalo entonces, pero solo para coordinarte y no para la comunicación más importante.
Los grupos de WhatsApp no son para provocar, discutir, probar a los demás, argumentar. Son para coordinar acciones y nada más.
Nunca lleves en tu celular una red social total como Instagram. Es peligroso. Es muy peligroso. Es una droga. Tenle respeto. Detrás de esa aplicación hay personas que quieren robarte tus minutos y tus horas y tus días hasta que ya un día, sin darte cuenta, también perderás tu identidad. No lo subestimes. Nunca lleves Instagram en tu celular. Nunca lo lleves en algo que te haga revisarlo a cada rato.
También tienes una cuenta de Instagram. Es verdad. Está bien, pero ten esto controlado, muy controlado. No caigas en la adicción total.
Usa Instagram con un fin específico: perfil de escritor y punto final. Ni siquiera sientas presión por mantener tu cuenta viva. Instagram es un instrumento que debe estar lejos, lo más lejos posible de tu vida real.
Nunca, pero nunca, uses tus redes sociales para compartir tu vida privada. Eso es una droga muy peligrosa. Sabes como comienza y no sabes como puede terminar. Mucha gente te dirá que no seas exagerado, que no pasa nada, que eso no genera ni adicción ni exceso de deseabilidad social, ni nada. No les creas. No le creas a un drogadicto si te dice que la droga que consume no le hace nada, que la tiene controlada.
Pues bien, en este caso, toda la sociedad, entera, con la redes sociales, está totalmente drogada y enviciada.
Tenle temor a Youtube. Es lo mismo. También es una red social que quiere robarte el tiempo y dejarte pegado en las pantallas. Es un arma de doble filo. Tiene contenido extraordinario e infinito y tiene basura en cantidades grotescas que te atrapa y no te suelta nunca más. Deja como acceso directo un enlace de tus subscripciones. Solo usa el enlace de tus subscripciones y nada más. Suscríbete solo a canales serios, de cultura, de noticias, de investigación, de reflexión y de conversación profunda.
Olvídate del entretenimiento y del deporte por Youtube. Olvídate de eso en cualquier red social. El ser humano siempre tuvo al demonio cerca, en muchos lugares. Ahora se expresa por este lugar.
Si vas a poner sonido en la mañana, al despertar, prefiere la música antes que los podcast y los programas de conversación. En el día podrás escuchar conversaciones, pero que la mañana sea más intuitiva y menos mental. Si prefieres el silencio en las mañanas, sin música ni nada, mejor será.
Si te encantan los podcast y los programas de conversación, escúchalos, pero que no opaquen tu silencio. Que no escondan tampoco tu soledad.
Recuerda que si no hubieras escuchado esos programas no habría pasado nada. Es mucho más valioso tu silencio que todos los podcast que podrías escuchar. Es mucho más valioso que tu cerebro procese la información que ya tiene acumulada debido a su día, que toda la infinita información a la que accedes por el mundo digital.
Que los podcast y los programas de conversación sean, ojalá, uno, máximo dos, por día. No más.
Y nunca intentes escucharlos y entenderlos enteros, aunque eso sea lo que casi siempre intentas.
Puedes dejar programas de conversación en inglés sonando como fondo. No importa que no lo entiendas todo. Algo va a quedar. Algo del inglés vas a aprender y además vas a confirmar que puedes no entender ni escucharlo todo y por eso tu mundo no se va a acabar.
Si insistes en poner más podcasts y programas de conversación, déjalos sonando solos y ve a hacer otras cosas. De nuevo: si no escuchas todo, nada va a pasar.
Y claro que te encantan los podcast y los programas de conversación profunda, si no, no aparecerían tantas veces acá. Si los vas a escuchar, prefiere aquellos que hablen sobre cosas que tengan una temporalidad más profunda y larga. Prefiere conversaciones que vayan más allá de la mera y monótona y a ratos obcena actualidad.
Escucha el silencio. Deja que forme parte de tu tiempo. No llenes tus momentos de podcasts y programas. de conversación. Guarda y conserva momentos de verdad. La verdad es silenciosa y el silencio te va a dar sentido del espacio y del lugar.
Y si te sientes solo y aburrido, es algo que entonces tenías que experimentar. No dejes de experimentar el silencio y el aburrimiento.
Desconfía del fútbol. Es una industria demoniaca. Desconfía de cualquier cosa que genere fanatismo y rivalidad. Lo mismo es con la política cuando llega a esos niveles. No participes de ese mundo. Tu no tienes que tener una opinión taxativa en nada. No sientas presión por definirte ni tomar partido. Tu no eres de ningún equipo de futbol, así como tampoco tienes que ser de ningún partido. Hoy más que nunca vale mucho más la pregunta que la respuesta, la búsqueda que la definición, la divagación que trinchera, vale mucho más la duda y la ambigüedad.
Entérate de la política como quien contempla el paisaje para poder avanzar, como quien ve al mundo con compasión y piensa cómo puede mejorar. Pero no sientas el orgullo y la rabia que te quieren instalar.
Si te ves dentro de una discusión en donde hay revanchismo, fanatismo y rivalidad, escápate, salte, abandónala, porque eres humano y puedes caer en esas lógicas, que son del mundo del mal, que es demoniaco, que es de la lógica míope de perder o ganar. Tu no eres de ningún equipo de fútbol y tampoco eres de ningún partido político.
Y sí, pelea cuando hay que pelear, aunque te cueste, porque si una cosa te cuenta es pelear. Si una cosa sabes hacer es perdonar y si una caso te cuesta es culpar y atacar. Pues hazlo, pues perdonar siempre también es quitarle valor a los demás.
Y sí, prefiere escuchar, dudar y conversar. Prefiérelo. Búscalo.
Intenta decir un no sé sincero al menos una vez por día. Ese no sé será lo más real que digas en el día. Acostúmbrate a decirlo y a usarlo. No sé, no sé, no sé. Encaríñate con esa frase tan corta, tan simple y tan buena para vincularte con todo lo que te pueden enseñar los demás.
Di Tienes razón también. Acostúmbrate a darla en vez de buscarla.
A ti te gustan las teorías de la conspiración, porque son como novelas fantásticas escritas a partir del material siempre impactante de la realidad. Son entretenidas. Acepta, sin embargo, que muchas de ellas no las lees así, por placer literario, sino que también las crees de verdad. Tu sí crees que hay muchas cosas que no calzan en la caída de las torres gemelas; si crees que hay una élite con un poder mayor al que se suele aceptar; por poner algunos ejemplos. Entonces guarda estas teorías para ti. No las compartas tanto con los demás, porque muchas de ellas buscan llamar la atención a partir del odio o la rivalidad, a partir de tomar partido de forma taxativa por algo. Muchas, casi todas, eliminan mañosamente la necesaria duda y la ambigüedad. Es la misma estrategia de odio e indignación, que obliga a tomar partido, de las redes sociales. Si compartes las teorías con los demás, vas a compartir también ese veneno. Acepta que este tipo de teorías, para promoverse, siempre llevan veneno. No llenes de veneno a los demás.
Recuerda que todo esto es sintético, que es falso, que es solo un enganche para que tu pierdas tu día consumiendo más. Lo real es la presencialidad.
Y si crees alguna teoría de la conspiración, olvídala un poco. Qué diferencia hay en que la conozcas a fondo con solo conocerla de forma superficial. Casi ninguna. Tu mundo se trata de las cosas que están a tu alcance. No te pierdas en cosas que tienen una escala mundial.
El negocio de las redes sociales es el odio y la rabia. Ese negocio funciona dentro de ellas y permea hacia afuera, en las mentes y las conversaciones que la gente sostiene. Las redes sociales quieren nuestra atención y no hay forma más directa de hacerlo que con la indignación.
Reconoce la genealogía de las emociones en las conversaciones. Acuérdate que el origen es la lógica digital, y entiende que no son las personas por si solas, sino que es la influencia, la poderosa y adictiva influencia de las redes en los demás. Entiéndelo y escapa de participar en esas conversaciones que alimentan las millonarias arcas de las grandes tecnológicas, que no paran de aumentar.
Si tienes un ataque de rabia, de esos ataques que te dan en soledad, en los que quieres gritar, golpear y romper de verdad, toma un calcetín y úsalo como látigo para golpear tu mesa. Vas a poder descargarte sin romper nada. Luego recuerda por qué tuviste ese ataque. No lo olvides así nomás. No lo dejes pasar.
Si te das vueltas en círculos y comienzas una y otra vez una tarea sin parar. Si no logras empezar. Si vas de acá para allá. Si es demasiado. Deja de luchar. Suelta todo y sal a caminar o a trotar.
Tenle respeto a tu cerebro. Tu no controlas todo lo que te pueda pasar. No seas tan voluntarista. Creer que tu puedes controlarte por una simple decisión intelectual es sobreestimarte y sobreexigirte. También eres de químicos. Respeta y escucha entonces a tu psiquiatra. Apóyate en el psiquiatra. Él te quiere ayudar. Drógate cuando sea necesario, para detener subidones y bajones que te hacen ensimismarte, te hacen sufrir y te alejan de la realidad.
Si vas a llorar, no lo detengas. Llora como si te arrancaran una tripa. Si ya tienes ganas de llorar es porque ya hay algo que se quiere escapar. Déjalo escapar.
Si vas a sentir dolor, acuérdate que lo que duele, duele porque esta vivo y lo que sufre, sufre porque está vivo con conciencia. Acuérdate que estás vivo y que entonces vas por buen camino.
Cuando sufras, no te sientas raro, ni mucho menos culpable. No eres especial por eso. Todos sufren, pero nadie lo quiere publicar. Se compasivo contigo mismo, con tu sufrimiento, y con el sufrimiento de los demás.
No escondas tu vulnerabilidad. Si eres humano, entonces tienes vulnerabilidad. Déjate ayudar. Di lo que sientes. No uses tantas máscaras. Déjate ayudar por las personas que sean de tu confianza. Por tus familiares, por tus amigos. Eso también los ayuda a ellos. Así se forman los vínculos. Así se forma la sociedad. Así podrás tú vivir en la sociedad.
Eres poca cosa o más bien eres gente normal. Eres uno más. Que bueno que sea así. Eres grande porque vives en una sociedad y no por ti de forma individual. Tu eres pequeño. Quédate con eso y acuérdate que nadie te exige que hagas en la vida nada extraordinario y especial. Siendo nadie puedes ser feliz. Punto. Acuérdate de eso para espantar la ansiedad.
Colecciona este tipo de normas y ve dejándolas escritas acá. Si no las cumples todas, no importa. Esto no puede transformarse en un imperativo y una exigencia afixiante. Esto es solo un decálogo de intenciones, pero una de las normas tiene que ser justamente que no todo lo que está escrito acá lo vas a lograr y que eso no está mal.
Anda a la montaña al menos una vez por mes. Te hace bien. Puede ser una oportunidad para estar con tus hermanos y con tu papá.
Baila muchas cuecas y emborráchate con cerveza en el 18. Tampoco para quedar dado vuelta, pero sí para relajarse y reírse. Cueca, cerveza, amigos y reírse. Esos días ve a bailar cueca con tus amigos, con el que quiera ir. Ve con Felipe Tan. Seguro que él te va a acompañar. Y si ninguno quiere, no importa, esos días es carnaval, cualquier persona es tu amigo y yo eres amigo de todos por igual. Esos días te fundes con los demás. Una vez al año está permitida la borrachera colectiva. No se diga más.
Busca a los demás. Aunque te cueste, porque tu tiendes a la soledad. Que sea algo más intencionado de lo normal. Búscalos, llámalos, visítalos, ve a verlos. Prioriza y valora el encuentro con los demás. A tus viejos, a tus primos, a tus colegas, a tus clientes, a tus socios, a tus vecinos, a los humanos, a tus amigos, a tus hermanos.
Olvídate de los demás cuando se trate de cumplir un estándar social. Que los demás sean algo real, que tengan nombre y apellido. Que no sea esa sociedad y ese imperativo moral.
Llama a las viejas que te van quedando. Llama a la Normita para saber cómo está. Le va a gustar.
Si no ves más allá y te ahogas en tus cuatro paredes, acuérdate que es un fenómeno psicológico normal, que no es verdad que el mundo se acaba hasta donde tú en ese momento alcanzas a mirar. Acuérdate que ninguna pantalla te va sacar. Acuérdate que tu mente por si sola tampoco. Ve a reunirte con gente querida de forma presencial. Mira a la gente a los ojos. Escúchalos. Con ellos vas a poder mirar más lejos. Con ellos te vas a salvar. Literalmente, te vas a salvar.
Recuerda que esa corta vista es de tu mente y que las pantallas no son el mundo, que internet y todo lo que contiene no es ni de cerca el mundo real. Eso solamente es una extensión, una caja de resonancia de lo que tu alcanzas a mirar. La realidad, y toda su profundidad, y todas sus posibilidades, y toda su riqueza, está en la presencialidad y en la presencialidad están las personas. Ve a sanarte con los demás.
Cada persona es una en 7 mil millones y más. Acuérdate de que cada persona tiene un mundo entero que mostrarte. Admira ese mundo. Hónralo. Respétalo. Acuérdate que cada uno tiene mucho que mostrar. No juzgues a las personas desde tu propia personalidad. Eso es injusto. Las personas son mucho más que eso. De partida, son nuevas reglas, son nuevas miradas, nuevos patrones desde los cuales observar.
Vuelve a la música de tu infancia. Cuando la escuchaste por primera vez eras inocente. Deja que te lleve de nuevo a ese mundo de nostalgia.
Siente la brisa del viento en la cara.
Siente el calor del sol en la piel.
Aunque no seas bueno para eso, de vez en cuando, no siempre, pero de vez en cuando da besos amistosos, di Te quiero mucho y abraza.
Alguna vez tal ve digas Te amo de nuevo a una mujer.
Disfruta el color de las montañas en el atardecer.
Nombra a las personas que te quieren y que quieres. Nómbralos y recuérdalos. Algunos están desde que naciste, otros llevan años contigo, algunos ya no están, otros son de encuentros recientes. Ellos son tu aldea. Son tu mundo. Son tú. Quiérelos. Tenlos presente.
No escribas todas las normas de tu vida acá. Ya es suficiente con las que están.
