Infinitud.
Este libro es para ti. Es un regalo.
Yo lo quería para mí.
Estaba buscando algo para regalarte. Lo vi en la librería y pensé que era justo lo que yo desde antes estaba deseando. Son los temas en los que he estado pensando. El infinito, la nada, el vacío...
Lo quisiera para mí, pero es para ti. Me gusta que sea para ti.
Si lo busco, ya sabré dónde lo voy a encontrar. Si lo encuentro, es porque te habré ido a visitar.
Para mí eso es regalar.
Me da lo mismo el precio. Ahí dice que costó 10 mil. Eso fue lo que costó. Me da lo mismo si es grande, chico, lujoso. Lo importante es que sea algo que yo, más que tú, deseo de verdad. Tiene que ser algo que yo voy a perder y que por eso tú, sin quererlo tanto como yo, vas a ganar.
Eso para mí es regalar. Es algo mucho más egoísta. Es mucho más yo perder que tú ganar.
Darte este libro me deja un pequeño vacío y ese vacío me moverá. Es un lazo. De eso se trata. Creo que de eso se trata el infinito, la nada, el vacío...
Darte este libro es dejar una parte de mí en otro lugar. Es elegir dónde espero que este libro, que yo quiero, vaya a parar. En Sánchez Fontecilla. En donde crecí. En la casa de la familia.
Es un pequeño gesto. Es un regalo de agradecimiento.
Debido a ese otro vacío que tengo, ese que todos compartimos, uno más existencial, uno que junta a todas las veces que en esta vida ya hemos regalado y abandonado, ese gran vacío que reúne a todos los vacíos que ya hemos dejado, de juguetes, de libros, de lugares, de personas, de identidades, uno que debería ser liviano y que de repente se me volvió pesado, de repente se me desfondó y ya no lo pude soportar, debido a ese vacío desfondado yo necesité escapar a un hogar.
Pude ir a dormir, a quedarme allá, a estar en Sánchez Fontecilla, en la casa de la familia. Tuve tu compañía. De nuevo fue mi casa hogar. Me pude calmar. Pude estar en una casa que también, cuando era niño, fue mía, que después abandoné, como a este libro, como todas las cosas, porque al final todas las cosas se abandonan y entonces todas las cosas son regalos y entonces todas las cosas dejan y dejarán vacíos.
Son vacíos livianos que a veces, no sé por qué, se vuelven pesados.
Sé que soy bienvenido en esa casa. Sé que es mi hogar. Lo sé mejor ahora, lo recuerdo mejor ahora, después de haberme quedado unos días y unas noches allá.
Iré de nuevo para leer este libro y también iré para sanar, así como pude sanarme de esos días, de esos difíciles días recién pasados que al fin puedo abandonar, porque esos días, por suerte, también son parte de todas las cosas que tarde o temprano se tienen que abandonar.
