Qué rico es el pan tostado con palta y con jamón. Es lo que más me gusta de la once.
Qué rico acabarlo, pensar que ese placer ya pasó, y acordarse que aún queda pan, aún queda palta y aún queda jamón. Que se puede repetir. Qué placer saber que hay repetición.
Qué rica esa repetición.
Qué rico es haberse terminado el pan, la palta y el jamón, haberse terminado incluso lo que se fue a buscar a la cocina para la repetición, pensar que ahora sí, que todo terminó, y acordarse que el negocio de la esquina está abierto. Qué placer saber que alcanzamos a salir del departamento, bajar a la calle y comprarle al vecino más pan, más palta y más jamón.
Qué rica esa segunda repetición.
Qué placer acordarse de esas repeticiones de pan con palta y jamón.
Qué rico es compartir contigo una once con pan con palta y jamón. Saber que ya no estás, pero que se puede repetir, que solo basta hacerte de nuevo la invitación.
Qué rico que aceptes mi invitación y que volvamos a repetir de nuevo el placer de la repetición.
