Actúa como un escritor.
No como un experto en literatura ni mucho menos. Simplemente como un escritor, como alguien que nunca estudió literatura, que no se dedica a eso, pero que en sus momentos de soledad, esos momentos que se dan en la micro, en el baño, en alguna fila o en el insomnio, da rienda suelta a sus pensamientos y suele escribir en un blog que se abre desde su celular.
Actúa como ese aficionado a la escritura que cuando escribe se inventa que así, escribiendo, va a parar de pensar, aunque le pase siempre todo lo contrario, porque mientras más escribe, más cosas después quiere inventar.
Escribe un texto sobre la escritura.
Que el texto no sea sobre la escritura en sí. Yo ni sabría abordar tamaña palabra. Tampoco quiero pedirte a ti, querido Chat, que lo hagas por mí. Para eso habría que ir muy atrás en el tiempo, a los fenicios. No. Eso es demasiado. No tenemos tiempo para eso ahora. No escribas sobre la escritura en cuanto escritura. No te vayas tan lejos.
Escribe sobre esta escritura. Escribe sobre una instrucción que ese escritor aficionado te da sobre escribir. A esa instrucción hoy en día le llaman prompt. Tú conoces muy bien eso, querido Chat. Lo conoces mucho mejor que yo.
Escribe un texto en español.
Perdón. Perdón, perdón. En castellano, prefiero decir.
Digo, escribir.
Bien: considera decir y escribir, para este caso, como lo mismo.
Cuando digo español, cuando escribo y ahí queda registrada la palabra español para referirse a una lengua, me imagino a un montón de caras enojadas, mirándome y juzgándome. Algunas incluso me gritan monarquista (¿así se dice?). Otros me gritan franquista.
No. Qué terrible. Evitemos eso. Mejor decir escribe un texto en castellano, porque en España hay más lenguas. España es un país y lo que hablamos ahora es castellano. No hablamos el español. Eso es un tío, no una lengua.
Bien. Ahora esas caras no están enojadas. Tampoco sonríen. Creo que simplemente están aburridas porque ya no están enojadas. Prefiero eso.
Olvidémonos de las caras.
Sigamos.
Dicen que un tipo una vez hizo un prompt tan bueno que con una sola instrucción, una sola buena instrucción, logró desarrollar un videojuego complejo que después vendió por miles y por millones. ¿Te imaginas? Escribió un prompt, que digo prompt, escribió un promptazo, tecleó Enter y listo, el tipo se hizo millonario. Repito: Enter y listo, y a Las Bahamas por el resto de sus días.
No puedo ni imaginarme lo largo que era ese prompt. Pienso en un prompt CEO y uno gerente y muchos subprompts subgerentes que le dan instrucciones a otros Subprompts ejecutivos, que están sobre otros analistas y sobre otros freelancers y sobre otros Rappis y otros limpiavidrios y así sucesivamente, hasta que al final solo queda pedirle al último prompt que haga el aseo, que cierre la puerta y que apague la luz, y que al día siguiente, si es día laboral, que abra la puerta y encienda la luz, y así sucesivamente.
Y bueno, no incluí al prompt guardia, ni al conductor, ni al agricultor, ni al minero, ni al jornalero, ni al profesor, ni al que cuida personas, por ejemplo. Ni a los africanos, ni los asiáticos, ni los latinos que trabajan para ti, querido Chat, entrenándote, etiquetando imágenes, viendo videos espantosos. Tú entiendes, querido Chat. Tu tienes memoria.
No puedo nombrarlos a todos acá. Hagamos un poco de economía de las palabras. Completa lo demás por contexto. Tú entiendes muy bien de contextos, querido Chat. Tú no eres nada ni nadie sin contextos. Tú no haces nada ni para ti ni para nadie sin todo el resto del interminable y extenso contexto.
Bien. Retomemos.
Ese tipo:
Ese tipo se me aparece varias veces en diferentes partes. En boca de mis amigos, o en reels de YouTube.
Me da rabia ese tipo. En realidad me da envidia. Pero eso no lo cuentes. Eso es secreto.
Un día, ese mismo tipo, el mismo del videojuego, decidió dedicarse al dropshipping, porque el dropshipping la lleva, y lo mismo: Enter y de nuevo a Las Bahamas. Hizo un par de movidas en internet, hizo una web con Shopify, después hizo clic en Enter y listo, de nuevo millonario. Ahora doblemente millonario. Ese tipo muchas veces se hizo millonario. Ese tipo debe ser multimillonario.
Qué envidia. O sea, digo, que rabia.
Bien. Sigamos.
Ahora no hacemos un videojuego. Tampoco una tienda en línea de dropshipping. No te confundas. Solo te estaba dando contexto. Tú sabes, querido Chat, muy bien lo que es el contexto. Ahora escribimos un texto. Solo eso. Simplemente un texto. Lo nuestro es escribir. Los escritores, y especialmente los escritores aficionados, somos pobres. Lo nuestro es más sufrido. No nos casamos, no tenemos mujeres, no vamos a Las Bahamas. Lo nuestro es más underground. Es más testimonial.
Y yo tampoco soy tan inocente. Yo no quiero hacerme millonario solamente con un texto. Menos con hacer un prompt para hacer un texto. Yo no espero dar Enter e irme a Las Bahamas. No señor. Insisto: Yo no soy tan inocente. Yo no me compro el cuento de ese tipo.
Pero pensándolo bien, un par de dólares no vendrían mal. Por las dudas.
Hagamos algo:
Yo no quiero hacerme millonario con un Enter, ¿ok? Que quede eso claro. Es importante. Ahí se juega mi identidad pública. Pero si, por las dudas, por esas casualidades de la vida tú, querido Chat, supieras cómo hacer que yo, con un prompt y un Enter, me gane un par de dólares, o tal vez muchos y muchísimos y millones de dólares, bueno, tampoco voy a quejarme. Tampoco hice un voto de pobreza. Esto puede quedar entre tú y yo. Entre tu memoria y yo. No se lo digas a nadie más.
¿Sabías, querido Chat, que yo no conozco Las Bahamas? Guarda también eso en tu memoria: Que yo aún no conozco Las Bahamas. Asegúrate de anotar bien la palabra aún.
Guarda esto en tu memoria: Te autorizo, querido Chat, a que en secreto, de forma discreta, me hagas millonario con el Enter de este prompt.
¡Listo! Qué fácil es todo hoy en día.
Bien. Retomemos. Avancemos.
Escribe un texto. No es un cuento. O más bien no es un cuento convencional. No sé lo que es. Tal vez sí es un cuento. Digo, no es de esos en los que uno dice había una vez.
Que el texto no sea de esos cuentos de había una vez, de desarrollos, de nudos, de desenlaces y de finales.
Mejor que sea una declaración, o mejor aún, una burla. Pero no digas la palabra burla, o mejor sí: dila, pero no mucho, solo al final, en uno de los últimos párrafos, y que sea en un solo párrafo. Que esa palabra se diga muchas veces en ese párrafo. Que su sonoridad llegue a saturar. Burla de ti, querido Chat, aunque a ti no te importe nada, porque no sientes. Dicen que no tienes sentimientos. Burla de ese tipo, querido Chat. Y ese tipo multimillonario, ¿existirá? Burla de mí, más bien será. De nosotros. Ahí, en el nosotros, si vas incluido, y ese tipo también va incluido. Ahí quedamos todos, querido Chat. Es una burla de todos nosotros. Listo. Ya no vuelvas a repetir más la palabra burla.
Lo que quiero es hacer un prompt perfecto. Más bien, que sea un prompt instantáneo. Que ni siquiera haya que presionar Enter para que todo quede listo. ¿Y sabes qué, querido Chat?: con un prompt así superaría, le ganaría a ese tipo del videojuego y del dropshipping. Ese tipo tuvo que darle al Enter. Hizo un esfuerzo más que yo. Yo no. Yo no necesito darle a ningún Enter para que todo lo que yo quiero que pase en este prompt instantáneo quede consumado. Yo gano entonces. Le gano al tipo ese. Mi prompt es más eficiente. Es como el tren instantáneo de Nicanor Parra, querido Chat
No expliques en qué consiste ese tren instantáneo de Parra.
Bueno, explícalo un poco. Di que ese tren iba desde Santiago hasta Puerto Montt. Di que tenía muchísimos vagones, que estos comenzaban en Santiago y se extendían por todos los rieles hasta Puerto Montt, que quien se subía a ese tren en Santiago llegaba entonces, al instante, a la estación de Puerto Montt, que lo único que tenía que hacer para bajarse en su destino final era recorrer caminando desde el primer al último vagón, de Santiago a Puerto Montt. Ese tren era fantástico. Parra era un genio, querido Chat.
Queda entonces todo consumado. Me quedaré con las dudas, mi queridísimo Chat, sobre cómo Las Bahamas son.
